Todo empieza en el mismo lugar donde acaba, claro, si es algo cíclico. ¿Mi error? No soy quién para decirlo, pero quizá es el caer en ciclos, en vicios que tarde o temprano tendrán una consecuencia negativa.
Hay veces en las que nos cegamos ante el amor, nos aferramos a él, confiamos en él; así lo vamos dando todo, damos lo mejor de sí. Rescato una parte del poema “Post-Umbra” de Juan de Dios Peza:
“porque un amor que nace tan vehemente
es natural que muera muy temprano.”
Vehemencia, quizá esa sea la causante de todo. Pero ahorita no quiero hablar de ella, quiero más bien expresar otras cosas, otros sentimientos.
Como decía, a veces nos cegamos ante el amor, más que cegarnos, nos entregamos en tiempo, pensamientos, ideales… Somos capaces de dejar todo a un lado.
De repente llega y nos volvemos sus esclavos, más cuando llega personificado en alguien que cumple con muchos de nuestros ideales. Creo que aquí se hace presente otro de mis errores en que caigo siempre: encariñarme demasiado rápido con las personas, confiar mucho, ser tal como soy con ellas.
El caso es que ya estaba ahí, dejando muchas cosas a un lado, haciéndolo parte de mí. Incluso llego a creer que ello generó una cierta codependencia. En el proceso de hacerlo parte única, comienza a involucrarse en lo que te gusta, en lo que te asusta, en lo que eres, en lo que no, en tu modus vivendi, con quiénes convives y esa es, creo yo, una parte fundamental, el conocer más del otro. Me di cuenta que no lo conocía.
Fueron pasando los días, comencé a hacer cosas que suelo a hacer con personas que me importan de verdad (aunque comienzo a creer que está mal, pues atento contra sus libertades); me quejaba de cosas quizá absurdas, pero me preocupaba que siguiera haciéndolas porque no quería que en un futuro pudiera tener consecuencias negativas esa persona a la que ya quería de más.
Tuve algunos pequeños disgustos por ello, así que decidí no volverlo a hacer.
Transcurría el tiempo, y creo que ya hablo como si hubiera sido una eternidad, pero es que a veces un día puede parecer una eternidad cuando se está con la persona a la que se quiere, esa eternidad que dura tan sólo un pestañeo. Momentos únicos e irrepetibles que en algún momento comenzaron a caer en una monotonía, una monotonía de la que era difícil escaparse, pero creo que era tan monótona que a veces la disfrutábamos. Caminar, viajar en sueños, verse a los ojos… así comenzó todo.
Palabras que sólo llegan y escribo, van formando líneas hasta que me percato que ya son párrafos. Creo que no estoy teniendo elocuencia, pero no importa, al menos estoy diciendo muchas cosas que quería decir y que no las decía porque soy una persona débil y el hecho de expresarlas (incluso el sólo sentirlas) me hacen vulnerable. Y es precisamente esa vulnerabilidad la que hace que aparente ser alguien seguro, decidido, que cree en sí y por ende, cree en los demás. El problema llega cuando algo en la historia no cuadra, no checa y hay qué hacer uso de la percepción, de los sentimientos, de las corazonadas simplemente para corroborar algo que ya se temía.
Sigo perdido en mis líneas, que son el más puro reflejo de cómo estoy por dentro. Perdido entre mis ideas pude aterrizar lo que me daba miedo aceptar, lo que no podía expresar. Y es que el mayor error no es lo que he descrito anteriormente, el mayor error es idealizar. Es esa idealización que se hace, que cuando algo no encaja en ella, tiende a desbaratar lo idealizado.
Las mentiras son algo que me choca, me molesta. A veces el problema se hace más grande cuando se miente y se vuelve algo irremediable. Es preferible a veces hablar con la verdad porque, si no se sabe mentir, la mentira se sabrá tarde o temprano.
Me han dado ganas de hacer un cuerpo exquisito, con varias partes de canciones que en éste momento llegan a mi mente, no tengo palabras para expresar, he llegado a un punto que sólo doy vueltas al asunto.
Promesas sin realizar. No me digas “nunca más, qué sencillo olvidar”, no puedo, no sé mentir. Historias de amor, ojos que miran con ilusión, pasiones vividas entre los dos, imposibles de borrar. Otra promesa qué fallar, otra verdad qué ocultar, algo en mí va a estallar. Quiero esconderme mas no hay lugar.
No sé hasta dónde pueda llegar, no sé si llegaré. Ya no quiero escribir, me falta valor para hacerlo. Ya no quiero escribir más, ya no quiero. Quisiera ya no hacerlo.






